Me llamo Luisa, soy colombiana y tengo 33 años. Llevo dos años en España. Cuando llegué no conocía nada ni a nadie, solo tenía una amistad que me recibió, pero me mandó a un sitio donde no debió mandarme. Estuve encerrada cinco meses. Fue una etapa muy dura de mi vida. Un día pude escapar y pedí ayuda en una iglesia. Desde allí me remitieron a una ONG, pero no me pudieron dar la ayuda que necesitaba. Yo estaba buscando sobre todo ayuda psicológica, porque no fue nada fácil, necesitaba soltar los miedos y no guardarme nada por dentro.

Después, la Cruz Roja me ayudó un par de meses con alimentos y luego me remitió a Amaranta. Desde ese momento mi vida cambió.  Amaranta me ha ayudado mucho. Cuando llegué, me entrevistaron, les conté mi situación y me ofrecieron un sitio donde quedarme, un piso para mujeres. Seguí recibiendo apoyo, ya no económico, pero sí con estudio, acompañamiento y orientación. Eso me ayudó a salir de la situación en la que estaba.

En Amaranta me han ofrecido muchas oportunidades para formarme. He hecho cursos de limpieza del hogar, pastelería, bollería, atención al adulto mayor, uñas, logística, limpieza hospitalaria y manipulación de alimentos. Me encanta estudiar, me encanta aprender cosas nuevas, porque nunca es tarde para estudiar, y aunque todavía tengo miedo y desconfianza por lo que viví, me siento más segura sabiendo que cuento con ese apoyo. Sentir que alguien estaba pendiente de mí fue muy importante. En todo este tiempo se han convertido en mi familia. 

Luego pude encontrar un pequeño estudio donde vivo sola. No fue fácil, porque muchas veces piden contrato o nómina, pero hablé con la verdad y el señor que me lo alquiló confió en mí. Por momentos me siento sola, sí, pero también orgullosa.

La formación me ha dado las herramientas para creer otra vez en mí, para volver a sentirme capaz. A través de la psicóloga aprendí a hablar, a no quedarme callada, a no tener miedo de contar mi historia. No somos las únicas, pero eso nos hace más fuertes.

Mi meta ahora es tener un empleo estable. He trabajado en limpieza y también en logística, pero necesito algo fijo. Mis hijos, son mi motor y los quiero traer conmigo. Ellos son mi razón de ser, mi fuerza para seguir adelante. Por eso busco trabajo sin parar, voy a las entrevistas, toco puertas. Siempre digo: Si hoy no fue, mañana será mejor.

A veces me encuentro con mujeres que, por necesidad, piensan que no hay salida. Yo les digo: No estamos solas, hay ayudas, hay ONG que realmente apoyan. No hay que quedarse calladas ni aceptar humillaciones por necesidad. Todas podemos salir adelante. No debemos dejarnos vencer ni depender de nadie para sobrevivir. Se puede vivir sola, trabajar, estudiar y reconstruir la vida.

Hoy vivo con fe. Soy una mujer creyente y positiva. Creo que Dios me puso aquí con un propósito. A pesar de todo, sigo adelante, porque esto no me hace débil, me hace más fuerte. Yo puedo con esto y con muchas cosas más.A las mujeres que llegan a este país, solas, con miedo, les diría que hablen con la verdad, que busquen ayuda y que no se rindan. Que aprovechen las oportunidades de formación y que crean en sí mismas. Porque somos muchas las que hemos pasado por situaciones difíciles, pero también somos muchas las que hemos salido adelante. “Somos mujeres luchadoras, berracas, que no nos dejamos vencer.”