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Bomó sale de su país huyendo de la violencia. En esa huida es captada para ser explotada en Francia. Sin embargo, durante una escala en el aeropuerto de Madrid solicita asilo y es detectada como víctima de trata, ingresando en el recurso de acogida residencial de Proyecto Esperanza.  

En ese momento está embarazada, y ha dejado a sus tres hijos en su país de origen. Tal y como ella cuenta, aunque fue muy duro, logró mantener su fuerza y capacidad de lucha gracias a sus hijos, pues sabía que tenía mucho por lo que seguir adelante. Y así lo hizo.  

Recuerda lo difícil que fue el principio de su llegada a España, sin conocer a nadie ni hablar el idioma (el no poder comunicarse lo hacía todo más arduo) y sintiendo un profundo dolor. En ese momento, el apoyo de Proyecto Esperanza fue muy importante, y recuerda especialmente, a la abogada, que le ayudó a conseguir que no la retornasen a su país, algo que la atemorizaba muchísimo. Otro momento muy duro fue cuando a los 7 meses de edad su hija sufrió una crisis de epilepsia por lo que fue ingresada en el hospital hasta en 5 ocasiones. Hoy está recuperada y estable. Bomó se siente profundamente agradecida por el apoyo recibido en un momento tan complejo de su vida, y considera que Proyecto Esperanza no sólo estuvo con ella al principio, sino que sigue estando con ella. 

Bomó se esfuerza por aprender español y aprovechar todas las oportunidades que se le van presentando. Sabe que el estudiar, y luego trabajar, es fundamental para su proceso personal. Quiere hacer su vida en España y traerse a sus hijos. Además, siente un profundo deseo de apoyar a otras mujeres como ella.  

Así, logra conseguir trabajo y adaptarse cada vez más a Madrid. Habla el idioma y ha realizado formaciones. Además, consigue una vivienda para vivir con su hija que continúa creciendo. Recientemente ha logrado, por fin, traerse a sus hijos. Se encuentra muy feliz por ello. 

Bomó es una mujer que tiene un deseo profundo de ayudar. En su país de origen estudió trabajo social y apoyó a muchas personas. Es una vocación personal que es parte de su manera de vivir, por lo que, cuando se le invitó a formar parte de la Escuela de Lideresas de Proyecto Esperanza no dudó en aceptarlo. Como ella dice, quiere acompañar, apoyar e inspirar a otras mujeres.  

Se reconoce como una mujer positiva, fuerte, realizada, capaz y poderosa. Desea compartir su historia y aprendizajes con otras mujeres para que puedan ver que sí es posible conseguir una vida plena y recuperarse de la violencia sufrida. 

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